Foto
Le Puy en Velay (Francia) (3)
Estudio SE. Jorge Gay y Nieves
1988_Portada para El viaje
Le Puy en Velay (Francia)
Tipografía
IMG_5495
Asraf
1887_En el catálogo de El viaje
Estudio de Alcanar
1990_Sueños varados_Alquezar
Familia
2007_Obra pictórica
1998_Catálogo Só
2005_La Haya
Estudio Santa Eulalia
2007_Dakar (Senegal)
Galería art singel 100. Amsterdam
Galería art singel 100. Amsterdam
2009_a-friké_Calatayud
1999_Acción_dual
1990_Sueños varados_Alquezar
Foto (2)
1990_Sueños varados_Alquezar
Obra autorretratos
2008_La mirada del otro
Galería Art singel 100_Amsterdam
2000_Puente de Luna_Rep. Dominicana

Alberto Carrera Blecua​ (Huesca,1952 - Alcanar, 2017) 

Texto de Antonio Saura, 1991:

 

La obra de Carrera Blecua se muestra hoy en día cargada de positividad energética, surgiendo precisamente de quien, taciturno y complejo, acaba por referirse al sentimiento trágico de la existencia. Quizá por ello, quizá precisamente por ello, por la carga cultural y afectiva que lo posee, Blecua es capaz de practicar cada vez más insistentemente, con creciente maestría, la fulgurante aparición que llena el espacio, poblándolo de emblemas referenciales ya desgajados de objetiva pretensión. Esta actitud podría relacionarse, en cierta manera, con técnicas de los pintores y calígrafos Zen, capaces de realizar vertiginosamente, con gran economía de medios, mediante poquísimos trazos, una pintura o una caligrafía cargada de intensidad. A través de este fulgurante proceder permanece, detrás, toda una cultura ancestral, la razón de lo sagrado y la infabilidad de la sabiduría. Pero antes de lanzarse a la inmediata y plástica operación, el monje budista ha permanecido unos instantes, o a veces largos momentos, en profunda meditación.

 

La reflexión, tanto como la abrupta fuga o el repentino lazamiento en la ceguera, son instantes que preceden la acción: ambos pueden ir juntos, diríamos incluso que es preciso que ambos caminen juntos para el buen logro de la definición, siendo justamente en este punto crítico en donde la razón y la sinrazón se entremezclan, cuando aparecen con verosimilitud los signos que marcan ineluctiblemente el desarrollo posterior de la obra.Estos signos pueden resultar espontáneos o brutales, sabios o enloquecidos, infalibles y hermosos, y lo serán ciertamente si han podido resumir el potencial energético acumulado en el inconsciente, el humor acumulado, el erotismo acumulado, la necesidad de acción acumulada, el sentimiento trágico acumulado. En resumen: la calidad de la carga cultural y humana acumulada.

 

Alberto Carrera Blecua, me parece, pertenece a los artista de esta estirpe, a aquellos grandes pintores que dibujan pintando para pintar un trasfondo existencial. A aquellos artistas cuya obra cerca los límites de la maravilla y el desastre, oscilando entre la apetencia de vacío y la necesidad de afirmar la condición humana, entre la necesidad de síntesis y la tentación de sumergir la forma en un espacio novedoso, inacabado en formación, abandonado a su propia energía. Sus últimas obras así lo atestiguan: una vez liberado el residuo gráfico –la mis en page mediante la adicción de signos objetivos-, sus figuras recientes, esquematizadas, buscan un espacio en donde fundirse o afirmarse. Pasada la tentación de una figuración neoexpresionista o de carácter simbólico, así como de la referencia más explícita a una visión objetiva, la pintura de Blecua parece encaminarse a la plasticidad del conjunto, liberada de ataduras sígnicas contradictorias, añadidas, para dirigirse esencialmente a la fuerte expresividad y su resolución en lo milagroso. Ha escogido, sin duda, el camino más difícil y arriesgado.

Antonio Saura, 1991